El Señor Y Pilato Quien Le Juzgó (Juan 18:28 – 19:16) / (John 18:28 – 19:16) Spanish

PARA QUE CREAN Dr. F. J. May y Dr. H. Lynn Stone Sección III – El Señor reina por medio de Su pasión (Juan 18 -21) CONFERENCIA 5, El Señor Y Pilato Quien Le Juzgó (18:28 – 19:16)

A. Jesús entregó a Pilato

Juan 18:28-32

“Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor , no te lo habríamos entregado. Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir”.

    1. La hipocresía de aquellos que no querían contaminarse La hipocresía de los que trajeron a Jesús ante Pilato era inconcebible a la mente racional. Ellos rehusaron entrar al tribunal del gobernador gentil “para no contaminarse”. Según el Mishnah, “los lugares de habitación de los gentiles son inmundos” (Ohol. 18:7). Ellos querían estar listos para “comer la pascua” ese día. Ellos no estarían en la misma casa con un procurador romano y tal odio ardía en sus corazones que ellos intentaban matar a Aquel que era la verdadera pascua.
    2. Sin embargo, la misma hipocresía puede verse hoy. Hay hombres blancos que se sientan a la Cena del Señor pero se niegan a comer el pan de Pascua con las mujeres negras. Hay creyentes en la santidad que llevan sólo ropa anticuada pero condenan al infierno a todos los bautistas. Hay pentecostales que hablan en otras lenguas pero no danzan con un carismático. Hay miembros de la iglesia que gritan en cada servicio de avivamiento pero no comparten el cáliz con un católico. Tal es la hipocresía de aquellos “que no quieren contaminarse”.
    1. La sinrazón del odio Cuando Pilato le preguntó a los judíos sobre sus acusaciones, la emoción del odio les volvió una muchedumbre irrazonable. En lugar de presentar los cargos que eran requeridos por la ley, ellos simplemente contestaron, “Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado”. No había ninguna razón para esta contestación gruñona. ¿Cuál es la acusación? ¡Sólo respondió su odio!
    2. Tal es la universal sinrazó%3

      La hipocresía de los que trajeron a Jesús ante Pilato era inconcebible a la mente racional. Ellos rehusaron entrar al tribunal del gobernador gentil “para no contaminarse”.

El Señor Y La Cruz Que Le Cargó (Juan 19:17-37) / (John 19:17-37) Spanish

PARA QUE CREAN Dr. F. J. May y Dr. H. Lynn Stone Sección III – El Señor reina por medio de Su pasión (Juan 18 -21) Conferencia 6, El Señor Y La Cruz Que Le Cargó (Juan 19:17-37)

Introducción – La crucifixión (Juan 19:17-18)

Juan no da algunos de los detalles sobre la crucifixión del Señor que menciona los sinópticos. Por ejemplo, él no menciona el hecho de que Simón de Cirene cargó la cruz (Mateo 27:32).

Más bien, él brevemente dice, “Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, …Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda”.

Uno de los principales diseños de la muerte por crucifixión era la visible humillación. La desnudez de la víctima era expuesta a todos los espectadores en un lugar público. En las afueras de Jerusalén uno de los caminos principales que llevaban a la ciudad, era un lugar, que en hebreo

o arameo, era llamado “Gólgota”. La traducción al latín es “Calvario”. La palabra significa “el lugar de la calavera”, y probablemente fue nombrado así debido al uso regular que los romanos le daban como lugar de castigo, por crucifixión, para los delincuentes comunes.

William Hull da una breve descripción de la costumbre del castigo romano por medio de la crucifixión (pág. 358).

La crucifixión fue diseñada no sólo para exponer a la víctima desnuda ante la vergüenza pública sino para inducir muerte por tortura física lenta. Puesto que ningún órgano vital era dañado cuando el cuerpo era clavado o atado al árbol, la muerte normalmente llegaba después de varios días como resultado de un hambre insoportable, sed, músculo acalambrados y traumatismo. Era tan repulsiva esta prueba que Roma sólo la reservaba para los esclavos y extranjeros. En Palestina era comúnmente usada para castigar el robo y sedición. Por consiguiente, cuando “crucificaron” a Jesús “y con él otros dos”, esto era a toda apariencia exterior sólo otro recordatorio mesurado del poder de Roma. Ninguna descripción es dada en Juan de los “otros dos” (cf. Lucas 23:39-43), enfocando su atención completamente en Jesús en el medio de “ellos”.

A. La inscripción en la cruz

Juan 19:19-22

“Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO,REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. Respondió Pilato: lo que he escrito, he escrito”.

         1. La inscripción El “título” era “un listado de los crímenes cometidos por el condenado y era pegado a la cruz” (Morris, pág. 806). Pilato insistió aquí, así como lo hizo a lo largo de los procedimientos judiciales, que no había realmente ninguna causa para enviar a este hombre a la muerte. Algunos estudiosos sienten que la inscripción “Jesús nazareno, Rey de los judíos” era un tipo de
         2. “venganza mordaz contra aquellos que lo ha bían empujado a consentir la ejecución de Jesús” (Morris, pág. 807).
         1. El motivo de la inscripción Puesto que el Gólgota estaba localizado junto a un camino muy frecuentado que estaba cerca de la ciudad de Jerusalén, muchas personas eran testigos de los eventos repugnantes. Pilato quiso asegurarse que todos los que podían leer entendieran las palabras de la inscripción. Por consiguiente, estaba escrito en los tres lenguajes que prevalecían en esa parte del mundo en esa época, el hebreo o arameo era el idioma de Palestina; el latín era el idioma oficial del gobierno romano; el griego era el idioma comúnmente hablado a lo largo del imperio romano.
         2. Los judíos estaban enfurecidos porque decían que era Jesús el que realmente decía ser un rey einsistían para que Pilato cambiara la redacción para que dijera, “ÉL DIJO” que Él era el rey de los judíos. Sin embargo, Pilato era inexorable con respecto a lo que él había escrito. Así que a lo largo del área tanto ciudadanos como viajeros llegaron a saber sobre “la crucifixión del Rey de los judíos”.
   1. El significado de la inscripción Sin importar cual fuera la razón por la cual Pilato escribiera la inscripción, Juan usa el mensaje para forzar a los lectores de su evangelio a considerar la realeza de Cristo aun ant e Su muerte. ¡Qué maravillosos son los caminos de Dios! Incluso ésos que juntos conspiraron para crucificarle se vieron proclamando que Jesús eran su Rey.

B. Los soldados al pie de la cruz

Juan 19:23-24

“Cuando los soldados hubieron crucificado a Jes ús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados”.

   1. La distribución de la ropa Era de costumbre para los soldados que cumplieron con la mórbida tarea de una crucifixión reclamar la ropa de la víctima. Después de la distribución inicial de los artículos separados, todavía quedaba una pieza de vestir. La “túnica” o JITÓN era “una túnica, una prenda interior, normalmente llevada cerca de la piel” (Thayer , pág. 669). La que Cristo llevaba era inconsútil y “de un solo tejido de arriba abajo” de un estilo similar al que llevaba el sumo sacerdote (Véase, Josefo, Antigüedades, III, 161). Para no cortar la túnica los soldados echaron suertes para ver quién se la quedaría.
   2. El cumplimiento de la Escritura Juan cuidadosamente señala que esta acción de los soldados era más que un simple momento rutinario de la historia. De hecho, fue profetizado por el Salmista cuando él mismo se encontraba en tales aprietos terribles y bajo la inspiración del Espíritu Santo él escribió las palabras del Salmo veintidós.

Juan y los escritores sinópticos ven en estos actos un cumplimiento de las afligidas palabras de David, “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (Salmos 22:18).

C. Los discípulos ante la cruz Juan 19:25-27

“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”.

1. Las mujeres y el discípulo amado Mientras que Juan específicamente hace mención de las cuatro mujeres al pie de la cruz, Marcos agrega que había “otras muchas que habían subido con él a Jerusalén” (Marcos 15:41). Probablemente, la hermana de la madre de Jesús sea la misma que “Salomé” y “María la esposa de Cleofas” la misma que “María la madre de Jacobo el menor y de José”, a las cuales Marcos se refería (Marcos 15:40).

Subsecuentemente, mientras que por un lado solamente un discípulo varón es mencionado por los escritores del evangelio que estaba presente a la hora de la crucifixión, por el otro lado, dos escritores diferentes mencionan por lo menos cuatro mujeres que estaban presentes. Solamente sería una conjetura decir que los otros discípulos varones estaban presentes en el momento. Más probablemente pareciera que debido al miedo que le tenían a los judíos los varones ya estaban en algún lugar secreto ocultándose de los alguaciles. Esto hace que la presencia del “discípulo amado” sea aun más notable.

La identidad del “discípulo a quien él amaba” ha sido debatida por los estudiosos durante siglos. Sin embargo, pareciera que hay muy buenas razones para decir que con toda certeza este discípulo amado era nada menos que el mismo autor, Juan.

2. María es encomendada a Juan Aunque ahora el cuerpo de Jesús estaba desfigurado por el intolerable dolor, Él no falló en hacer provisiones para Su madre de la misma manera fiel en que Él se aseguró que los discípulos no fueran arrestados. En una escena profunda y paradójica de un pecado horroroso y de la tiernamisericordia del Señor encomendó a Su madre al cuidado del discípulo que sacó de Él la más grande compasión y el más afectuoso amor. Además, Él encomendó al discípulo amado con la responsabilidad de proveer para la mujer que estaba perdiendo a su primer hijo por medio de una cruel ejecución. El discípulo debía aceptarla como a su propia madre y ella debía aceptar al discípulo como a su propio hijo. Desde entonces Juan recibió a María en su propia casa y evidentemente proveyó para ella hasta su muerte.

D. La muerte del Señor en la cruz

Juan 19:28-30

“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.

1. “Sabiendo que ya todo estaba consumado” El hecho de que Jesús, de una manera inusual, “sabía” ciertas cosas, es un tema que recorre todo el evangelio de Juan. Jesús “sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar” (6:64). En referencia al Padre que le envió, Él dijo “y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió” (7:28, 29).

Más adelante cuando Él acusó a los judíos de no conocer al Padre, fuertemente aseveró, “Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra” (8:55).

Sin embargo, en el capítulo trece, Juan empieza a enfocar su atención en el conocimiento del Señor con respecto a Su muerte. Jesús sabía que “su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre” (versículo 1); Él sabía que “el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba” (versículo 3); “sabía quién le iba a entregar” (versículo 11); y dijo, “yo sé a quienes he elegido” (versículo 18).

Cuando Judas y la multitud vinieron a arrestar al Señor, Juan dice que “Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó” (18:4). Ahora que el Señor está en la cruz con la sombra de la muerte asechándole, Juan nos recuerda una vez más que los sucesos de ese día fatal no fueron eventos al azar en el curso de la historia humana. Más bien, Jesús sabiendo “que ya todo estaba consumado” se preparaba para rendirse a los brazos del Padre.

         1. “Tengo sed” Habiendo cumplido el propósito para el cual había venido al mundo y habiendo hecho provisión para Su madre, el Señor finalmente permite que Su humanidad exprese un deseo pasional y exclama, “tengo sed”. Pero en la más natural expresión de deseo humano Su voz musita palabras en perfecta armonía con la eternal Palabra “escrito está”.
         2. Su misma sed es el cumplimiento mesiánico de la experiencia profética del Salmista cuando dijo: “Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre” (Salmo 69:21). Anteriormente rehusó beber el vino mezclado que le haría calmar su dolor (Marcos 15:23; Mateo 27:34), ahora Él no vacila en tomar unas cuantas gotas de OXUS (“mezcla de vinagre y agua”, Thayer, pág. 449) de la esponja que había sido sumergida en una vasija que estaba cerca y se la llevaron a Él en un hisopo. La humedad prepararía Sus labios para Su grito final en la cruz.
   1. “Consumado es” Éste es el momento para que el cual Señor había nacido y la causa por la cual el Rey de gloria había venido al mundo (Juan 18:37). Ahora la Palabra, el LOGOS que “en el principio era Dios” y “era Dios” fue “hecho carne” (Juan 1:1, 14) en su máximo encuentro con la muerte.

Ahora la vida que era “la luz de los hombres” (1:4) que “alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (1:9) brilla en la oscuridad del momento más triste de la miseria del hombre (1:5). Ahora el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29) está siendo “levantado” así como “Moisés levantó la serpiente en el desierto” (Juan 3:14; Números 21:8, 9).

Ahora la simiente de la mujer debe herir la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15). Ahora el sacrificio de Edénico es inmolado para cubrir al desobediente hombre Adámico con la vestidura de rectitud del Hijo del Hombre (Génesis 3:21). Ahora el “carnero trabado en un zarzal” en el Monte Moriah fue ofrecido en lugar de Isaac (Génesis 22:8-13). Ahora el Cordero de la Pascua era sacrificado (Génesis 12:1 -13) para que la “sangre del nuevo pacto” pueda ser “derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).

Ahora Él creció como un “renuevo” y como “raíz de tierra seca” fue “despreciado y desechado entre los hombres” (Isaías 53:2, 3). Ahora Él lleva “nuestras enfermedades” y sufre “nuestros dolores” aun cuando hombre “le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (versículo 4). Ahora Él es “herido por nuestras rebeliones”, “molido por nuestros pecados”; “el castigo de nuestra paz” es “sobre él”, y, “por sus llagas fuimos nosotros curados” (versículo 5).

Ahora todos nos “descarriamos como ovejas” y “cada cual se apartó por su camino” y “mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (versículo 6). Ahora Él es “angustiado” y “oprimido” (versículo 7) y “fue cortado de la tierra de los vivientes” debido a “la rebelión” de Supueblo (versículo 8). Ahora Él derrama “su vida hasta la muerte” y es “contado con los pecadores” (versículo 12).

4. “Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”Aunque la muerte, como un espectro, estaba rondando a Jesús desde el momento en que Él había sido apresado por la multitud, la mortalidad no podía vencerle por su propia fuerza. En un último acto de Su propia divinidad, “inclinó la cabeza” en medio de ese dolor insoportable. La expresión “entregó el espíritu” (PAREDOKEN TO PNEUMA, literalmente, “entregado a Su espírit u”) nunca es usado con respecto a la muerte de cualquier otro hombre o mujer. Sólo Cristo que “había venido de Dios” y ahora tenía que “volver a Dios” era capaz de verdaderamente “entregar su propia vida”. Ningún hombre podría tomar Su lugar.

E. El testigo de la cruz

Juan 19:31-37

“Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron”.

   1. Los soldados no rompen sus piernas Ordinariamente la muerte por crucifixión era una prueba muy largo y tormentosa que a veces duraba hasta dos o tres día s. Puesto que los judíos no querían manchar el día santo dejando un cuerpo en la cruz (Véase Deuteronomio 21:23), ellos pidieron permiso a Pilato para que las piernas de las víctimas rotas para que llegara la muerte más rápidamente y los cuerpos pudieran ser removidos. Sin embargo, después de haber roto las piernas de los dos delincuentes, cuando ellos vinieron a Jesús, viéndole “ya muerto” ellos “no le quebraron las piernas”.
   2. Su costado es traspasado Cuando uno de los soldados vio que Jesús ya estaba muerto, posiblemente y simplemente debido a algún tipo de placer mórbido, él empujó una lanza en el costado de Jesús, y como Juan anota, “y al instante salió sangre y agua”. Juan refuerza la realidad de este fenómeno asegurando que “el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero”.
   3. “Para que vosotros también creáis” Juan da una indicación superficial de algo que él tocará en el próximo capítulo – es decir, que su propósito principal al decir estas cosas es que el lector pueda creer.

Aun después de la muerte del Señor se manifiesta un doble testimonio ante la cruz. Primero, aunque a los judíos se les había concedido todo el permiso para seguir adelante, los soldados no rompieron las piernas de Jesús para que se cumpliera lo que había sido profetizado, “El guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrado” (Véase Salmo 34:2). Segundo, aunque Jesús ya estaba muerto uno de los soldados metió su lanza en el costado del Señor para que los Escritura pudiera cumplirse “y mirarán a mí, a quien traspasaron” (Zacarías 12:10). Juan ve en esto un doble testimonio, una verdad profética fortalecida que nos es dada para que nosotros pudiéramos creer.

Conclusión

En ningún otro lugar se hace evidente que el Señor reina por medio de Su pasión más que en la misma cruz que elevó a Jesús. Primero, aunque los judíos presentaron acusaciones de traición al César, y, Pilato se mofó del mismo pensamiento de Su realeza, no obstante la inscripción sobre la cruz proclamaba a todo el mundo, en los tres idiomas de la campiña palestina, las cortes romanas y el mundo comercial romano diciendo: “JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS”.

Segundo, aunque los soldados romanos fortuitamente jugaron y echaron suertes al pie de la cruz, no obstante se cumplió lo que se había profetizado, “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (Salmo 22:18).

Tercero, aunque el cuerpo de Jesús estaba desecho en esa agonía horrible de la cruz y aunque lamultitud le mofaba y le desdeñaba, no obstante Él vio con amor y compasión a Su propia madre natural y se aseguró que ella fuera cuidada apropiadamente por el discípulo amado por el resto de su vida.

Cuarto, incluso cuando la muerte estaba rondando sobre su segura presa, el Señor de la eternidad, sabiendo que ya había cumplido con el propósito por el cual Él había venido al mundo, fortalecido con unas gotas de vinagre y agua, exclamó, “consumado es” y “habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.

Quinto, aun después de que la muerte clavó sus dedos fríos en el cuerpo desnudo de Cristo, los soldados no siguieron la orden de su superior para romperle Sus piernas. Cumpliendo así la profecía de que ningún hueso de su cuerpo sería roto. Y, aunque uno de los soldados sabiendo que Él estaba muerto, insertó una lanza en Su costado, todos vieron al que ellos habían traspasado.

Incluso en Su condenación, Él demostró ser misericordioso. Incluso en una cruz delictiva, Él reinó en rectitud. Incluso cuando los hombres echaban suertes por Sus vestidos, Él pagó por sus pecados. Incluso cuando Él había sido abandonado por Sus mismos discípulos, Él se aseguró que Su madre nunca fuera desamparada. Incluso cuando Su propia desnudez había sido expuesta almundo entero, Él inclinó Su cabeza en reverencia antes de morir. Aun después de que la muerte sostuvo Su cuerpo, Él se aseguró que ni un hueso fuera roto y que daría testimonio por medio de su costado lacerado.

¡Incluso en Su propia muerte el Señor reinó como el Rey tanto de este mundo como del mundo venidero! 

Juan no da algunos de los detalles sobre la crucifixión del Señor que menciona los sinópticos. Por ejemplo, él no menciona el hecho de que Simón de Cirene cargó la cruz (Mateo 27:32).

El Señor Y La Tumba Que Le Albergó (Juan 19:38-42) / (John 19:38-42) Spanish

PARA QUE CREAN Dr. F. J. May y Dr. H. Lynn Stone Sección III – El Señor reina por medio de Su pasión (Juan 18 -21) Conferencia 7, El Señor Y La Tumba Que Le Albergó (Juan 19:38 -42)

Escritura:

Juan 19:38-42

Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

Introducción

Ningún reino terrenal ha sido establecido desde la tumba de un monarca. Con todo, tiene sentido que Dios haya escogido el sepulcro de Cristo para inaugurar el Reino de los Cielos. Es cierto que hubo manifestaciones del Reino antes de la muerte del Señor, pero Su muerte no fue la muerte de un rey. Su muerte fue la muerte del Hijo del Hombre, quien murió por los pecados del mundo. Fue desde esa tumba que Él “fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:4). La tumba no representaba el final de su señorío. Su tumba era tanto la culminación de Su humanidad como la inauguración de Su Reino, ambas a la vez.

A. El Señor y los hombres que lo enterraron

1. José de Arimatea Los cuatro evangelios mencionan a este bienhechor del Señor que irrumpe abruptamente en la historia de la pasión. Nunca antes él había sido mencionado, y, nunca más es mencionado después de esto. Juan dice que era “discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos” (Véase también Mateo 27:57).

Tanto Marcos (15:43) como Lucas (23:51) dicen que él “también esperaba el reino de Dios”. Ambos autores también anotan que él era miembro del sanedrín (Marcos 15:43; Lucas 23:50), y Lucas va más allá explicando que éste “no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos” (Lucas 23:51).

Las mismas circunstancias que causaron que los discípulos, que habían proclamado abiertamentea Jesús, huyeran repentinamente de Él, tuvieron el efecto contrario en este José que sólo le seguía “secretamente”. Ahora él “entró osadamente a Pilato” (Marcos 15:43) y “, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús” (Juan 19:38).

2. Nicodemo Ninguno de los escritores sinópticos hace mención de Nicodemo. Juan tiene el cuidado de señalar que él es el mismo miembro del sanedrín que había venido por la noche a Jesús. Juan también anota que en una reunión de los sacerdotes y los fariseos Nicodemo les dijo, “¿juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?” (Juan 7:51).

Pero así como José, parece que Nicodemo no había sido afectado por la vida y el ministerio de Jesús al punto de estar deseosos de proclamarle públicamente como Señor. Su mente se centró en este mundo, como lo vemos en su ceguera sobre el verdadero significado de Señor acerca del “nuevo nacimiento”. “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?” preguntó. “¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?” (Juan 3:4).

Pero ahora que está muerto el Señor habla, muy similar a lo que el escritor de hebreos dice sobre Abel, “y muerto aún habla por ella” (Hebreos 11:4). Nosotros no conocemos las circunstancias. No sabemos de dónde ni cómo él pudo haber visto la crucifixión. Pero a través del Espíritu de Dios, el cual ya estaba obrando en los corazones de José y Nicodemo, el Señor habló y ellos escucharon Su voz, proveyendo un funeral digno del Rey.

B. El Señor y las especias que lo ungieron

1. Las especias aromáticas de Nicodemo Ahora Nicodemo se une a su compañero en el funeral de Cristo trayendo aproximadamente cien libras romanas de “un compuesto de mirra y de áloes”. Puesto que la “libra” romana tenía sólo doce onzas comparado a la nuestra de dieciséis onzas, cien libras romanas serían el equivalente a setenta libras nuestras actualmente.

Según Leon Morris “era la costumbre poner especias de este tipo en las sábanas que redondeaban el cuerpo, así es que Nicodemo estaba cumpliendo con un simple gesto de cortesía” (página 825). Sin embargo, lo que era raro era la cantidad. Ésta no era la cantidad normal de ungüentos usados en un funeral.

A la misma vez, si todo el cuerpo hubiese sido cubierto con las especias aromáticas, las setenta libras no hubieran sido excesivas. En vez de ser la cantidad necesaria para un funeral común, ésta era la cantidad que se usaba en un funeral real. Puede ser comparada con el funeral del rey Asa (2 Crónicas 16:14).

Y lo sepultaron en los sepulcros que él había hecho para sí en la ciudad de David; y lo pusieron en un ataúd, el cual llenaron de perfumes y diversas especias aromáticas, preparadas por expertos perfumistas; e hicieron un gran fuego en su honor.

2. El ungüento de nardo de María de Betania Sin embargo, mientras los ungüentos de Nicodemo asegurarían un apropiado funeral judío como para un rey, esta no era la primera vez que Jesús había sido ungido para su funeral. Juan anota anteriormente que cuando Jesús vino a Betania, “María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume” (Juan 12:3). Cuando los discípulos se quejaron del exceso, “Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto” (versículo 7).

Mateo incluso va más allá explicando

Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. Y entendiéndolo Jesús les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, per a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella (Mateo 26:6-13).

La redacción de Marcos es ligeramente diferente. “Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura” (Marcos 14:8). Pero el significado es el mismo.Mateo simplemente dice que ella “derramó” el ungüento (MÚRON) en Él, que mientras Marcos usa la forma verbal de ungüento (MURÍZO), o, ella “unge”.

En ambos casos (cf. también Lucas 23:50-56) Jesús vigorosamente afirma que la acción de María es unción bendecida para Su sepultura. Era un “derramamiento” de unción sobre Su muerte. Y como las especias de Nicodemo, también era un regalo digno, el costo estimado era de 300 denarios aproximadamente, que sería el equivalente al salario anual de un obrero común en el mundo de hoy. Además, Jesús les dijo a los discípulos que dondequiera que el Evangelio fuera predicado esta unción de María sería contada.

3. El significado eterno de que Cristo haya sido ungido para sepultura No podemos volver a los ejemplos anteriores para encontrar el verdadero significado de la unción del Señor para su sepultura. Es cierto que otras personas han recibido ungüentos más extravagantes sobre sus cuerpos inertes. Probablemente hayan habido otros rituales religiosos en los cuales personas vivas fueron ceremoniosamente ungidas antes de morir como sacrificio a un dios en particular. O las crónicas de la historia puedan revelar que en alguna ocasión un mortal fue proclamado dios mientras vivía y le fue dada una extravagante preparación para su muerte.

Pero nunca otro terrícola ha sido ungido tan extravagantemente para el sepulcro que había de ser la plataforma para la coronación del Reino. Fue por medio de Su tumba que Jesucristo entró a la fase más gloriosa de Su Reino en la tierra. Desde el sepulcro el Señor empezaría Su reino.

Por consiguiente, el verdadero significado de que el Señor haya sido ungido para sepultura, debe encontrarse en la Escritura misma. Considere los dos ejemplos dados por Dios a Moisés en el fuego abrasador del Monte Sinaí

Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, de casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin. Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa. Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, la mesa con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y su base. Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos, será santificado (Éxodo 30:22-29).

Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo. Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima (Éxodo 30:34-36).

Así Dios dijo a Moisés “ungirás el tabernáculo” con el “aceite de la unción santa” y pondrás “el incienso” “delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti”.

El escritor de Hebreos explica que éstos “sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales” porque Dios dijo a Moisés “haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (Hebreos 8:5). El ungir de Jesús para su sepulcro era ungir el verdadero tabernáculo que fue “hecho carne” y “habitó en nosotros” y “vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre” (Juan 1:14).

C. El Señor y el sepulcro que le albergó

   1. El sepulcro Debido a la pronta apr oximación del día de reposo (“el día de la preparación judía”) el sitio escogido para el sepulcro del Señor estaba en un jardín muy cerca del lugar de la crucifixión. Jesús fue puesto en la tumba que pertenecía a José (Mateo 27:6) la cual era “sepulcro nue vo, en el cual aún no había sido puesto ninguno” (Juan 19:41). Cumpliéndose así la profecía del profeta Isaías “y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte” (Isaías 53:9). Leon Morris describe que, “las tumbas normalmente eran excavadas de roca firme y selladas con piedras pesadas. La piedra de la abertura tenía que rodar hasta terminar justamente en la abertura” (página 826).
   2. La importancia de la tumba Esta tumba que perteneció al rico, miembro del sanedrín, en la cua l ningún cuerpo había sido puesto es muy significativa. William Hull explica que, “el hecho de que nadie había sido puesto en esta tumba tallada de piedra la hizo especialmente conveniente para que Jesús la usara ya que la ley judía prohibía que los delinc uentes ejecutados fueran sepultados en las tumbas familiares” (página 362).

Así, en la muerte y en el sepulcro de Jesucristo Su señorío fue proclamado. Los discípulos que anteriormente le habían seguido en secreto y en miedo ahora le seguían valientemente y reclamaban Su cuerpo. Incluso en Su muerte Él es ungido como el Tabernáculo Celestial venido a la tierra y donde Dios ahora se reunirá con la humanidad. Aunque Él había sido ejecutadocomo un delincuente común por los soldados romanos, no obstante Él f ue puesto en una tumba propia de un Rey. 

Ningún reino terrenal ha sido establecido desde la tumba de un monarca. Con todo, tiene sentido que Dios haya escogido el sepulcro de Cristo para inaugurar el Reino de los Cielos.

El Señor Y Los Discípulos Que Creyeron En Él (Juan 20:1-29) / (John 20:1-29) Spanish

PARA QUE CREAN Dr. F. J. May y Dr. H. Lynn Stone Sección III – El Señor reina por medio de Su pasión (Juan 18 -21) Conferencia 8, El Señor Y Los Discípulos Que Creyeron En Él (Juan 20:1 -29)

A. Las apariciones de Cristo después de la resurrección

Cada uno de los escritores de los evangelios tiene una perspectiva diferente del orden de los eventos después de la resurrección de Jesús. Podemos asumir que la razón para ello es que cada escritor tenía en mente un propósito específico que quería enfatizar. Ciertamente, este parece ser el caso del evangelio de Juan.

Leon Morris dice que, “Las diferencias entre los evangelios suman una demostración de que aquí tenemos la evidencia espontánea de testigos, no una repetición estereotipada de la versión oficial de la historia” (página 828). Por otro lado, existe cierto peso en nuestra manera de pensar occidental para poder reflexionar en términos de la secuencia de los eventos ocurridos después de la resurrección del Señor.

         1. El orden de los eventos después de la resurrección del Señor Resulta difícil establecer con certeza el orden exacto de los eventos después de la resurrección del Señor. C. I. Scofield nos da la cronología siguiente de una nota al calce sobre Mateo 28:1
         2. Al combinar las cuatro narrativas, el orden de acontecimientos en la mañana de la resurrección parecería ser el siguiente…Había tres mujeres, María Magdalena, María (la madre de Jacobo; Marcos 16:1; Lucas 24:10) y Salomé a las que siguieron otras mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea (Lucas 23:55-24). Las tres hallaron que la piedra había sido movida por un ángel (Mateo 28:2). María Magdalena apresuradamente va al encuentro de Pedro y Juan acontarles lo sucedido. Éstos corren hacia el sepulcro (Juan 20:2-4). Mientras tanto, María la madre de Jacobo y las otras mujeres llegaron a la tumba, entraron y vieron ángeles que les aseguraron que Jesús había resucitado. Con temor y con gozo ellas salieron corriendo de la tumba para informar a los discípulos (Mateo 28:8). Pedro y Juan, llegaron al sepulcro, entraron, observaron y partieron (Juan 20:4-10). María Magdalena regresó a la tumba, se paró allí llorando y Jesús se le reveló (Juan 20:11-18). Mientras las otras mujeres iban camino a los discípulos, Jesús se les reveló (Mateo 28:9-10).
   1. Las apariciones, del Señor resucitado, en el Nuevo Testamento Además de las apariciones enumeradas en los evangelios, hay otras enumeradas por otros autores del Nuevo Testamento. En otra nota al calce en Mateo 28:9, Scofield enumera todas las apariciones de l Nuevo Testamento en la siguiente secuencia:

   1. A María Magdalena (Juan 29:14-18).
   2. A las mujeres que regresaban de la tumba con el mensaje de los ángeles (Mateo 28:8-10).
   3. A Pedro, probablemente durante la tarde (Lucas 24:32; 1 Corintios 15:5).
   4. A los discípulos de Emaús al anochecer (Lucas 24:13-31).
   5. A los discípulos, con Tomás ausente (Lucas 24:36-43; Juan 20:19-24).
   6. A los discípulos, con Tomás presente, el domingo siguiente (Juan 20:24-29).
   7. A los siete junto al Mar de Galilea(Juan 21:1-23).
   8. A los apóstoles y a “más de quinientos hermanos” (1 Corintios 15:6).
   9. A Jacobo, el medio hermano del Señor (1 Corintios 15:7).
  10. A los once (Mateo 28:16-20; Marcos 16:14-20; Lucas 25:33-53; Hechos 1:3-12).
  11. A Pablo, cerca de Damasco(Hechos 9:3-6; 1 Corintios 15:).
  12. A Pablo, en el Templo(Hechos 22:17-21; 23:11).
  13. A Esteban, en las afueras de Jerusalén (Hechos 7:55).
  14. Al Apóstol Juan en Patmos(Apocalipsis 1:10-19).

B. El descubrimiento de la tumba vacía

         1. María Magdalena descubre la tumba vacía (Juan 20:1,2) De acuerdo a Mateo 28:1, María Magdalena vino con la otra María a ver el sepulcro. Marcos añade que Salomé también les acompañaba (16:1) y Lucas parece indicar que también hubieron otras mujeres (24:10). Pero en cierto momento María Magdalena dejó a las otras mujeres.
         2. Juan parece indicar que María estaba sola al momento de llegar a la tumba, las otras mujeres probablemente venían detrás con más especias aromáticas. Aún en medio de la oscuridad ella podía ver que la “piedra había sido removida del sepulcro” e inmediatamente corrió a informar a los hombres, “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto” (Juan 20:2).
   1. Pedro y Juan ven la tumba vacía (Juan 20:3-10) Aunque empezaron a correr juntos, pronto el joven Juan “corrió más aprisa…y llegó primero al sepulcro”. Mientras dudaba en entrar llegó Pedro e inmediatamente “entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte” (versículos 6 y 7).

Entonces el dudoso Juan entró en la tumba, la Palabra dice que, “vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos” (versículos 8 y 9). Estos son versículos muy significativos que muestran el valor de la experiencia personal en nuestro andar con Dios. Juan no creyó por lo que había leído en la Escritura; él creyó por lo que había visto.

Por supuesto, esto no retracta la importancia que tiene la Escritura en reforzar nuestra fe. Sin embargo, este verso hace hincapié en el énfasis temático de Juan, en el cuarto evangelio, de que las señales (los milagros) son dadas por Dios para que podamos “ver y creer”.

C. La primera aparición de Jesús a María Magdalena (Juan 20:11-18)

1. El antecedente de María Magdalena Mientras que los otros evangelios presentan a María en las primeras etapas de sus narrativas (por ejemplo en Lucas 8:2,3). Esta es la primera mención que Juan hace de ella, aparte de enumerarla entre las mujeres que estaban al pie de la cruz del Señor. Pero agrupando su historia, es maravilloso observar como el Señor la escogería para ser la primera persona a la que Él aparecería después de Su resurrección.

El Dr. William Hull, en su comentario acerca del evangelio de Juan, da un excelente resumen del significado de esta aparición (páginas 363, 364).

Muchas son las razones por lo cual es sorprendente ver a María jugando este papel crucial en el clímax del cuarto evangelio. En el mundo judío del primer siglo, el testimonio de una mujer no siempre era altamente creíble, siendo considerado inferior al de un varón (Lucas 24:11). De cualquier forma, por lo menos dos o más testigos se necesitarían para establecer la autenticidad de tan increíble informe (5:31-32; Deuteronomio 19:15; Marcos 14:55-56). El hecho de que María era galilea de Magdala, un pueblo notoriamente malvado tanto que los rabinos después le atribuyeron su caída al libertinaje del mismo, no aumentaría la credibilidad de su testimonio en Jerusalén. Lo más dañino de todo, quizás, era su historia de haber sido poseída por siete demonios (Lucas 8:2), una aflicción psicológica tan severa que, aunque parecía curada, su salud mental podía fácilmente ser llevada a consideración por el impresionante informe de haber visto a un hombre muerto vivir nuevamente.

Tomando todas estas sugerencias juntas, parecieran sugerir que las noticias más importantes en la historia espiritual de la humanidad fue primeramente confiada a la que, de acuerdo a las normas humanas, era la menos calificada para proclamarla. Puede que la intención del capítulo anterior sea un contraste implicado a la estructura jerárquica del poder judío y romano que desdeñosamente se mofaban de Jesús como “Hijo de Dios” (19:7) y “Rey de los judíos” (19:19). Lo que ni un sumo sacerdote ni un gobernador pueden entender por medio de sus elaborados procedimientos de jurisprudencia, Dios se lo permitió a una simple mujer para que ella lo descubriera cuando los discípulos principales estaban inmovilizados por la pena y la desesperación. La historia de María Magdalena llama al más humilde de los testigos a ser un heraldo de esperanza en un mundo atribulado por las decisiones irracionales de sus prestigiosos líderes.

         1. Los dos ángeles y María Magdalena Después de que Pedro y Juan regresaron a “los suyos”, María permaneció fuera de la tumba llorando. Cuando al fin vio hacia dentro, ella vio “a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto” (versículo 12).
         2. Sin saber de su origen celestial, ella entró en conversación con ellos. “Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto” (versículo 13).
   1. María se encuentra con el Señor resucitado Volviéndose de la presencia de los visitantes celestiales, María vio que Jesús estaba cerca pero ella no le reconoció. “Jesús le dijo: Mujer ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré” (versículo 15).

El Dr. Hull explica esto de la siguiente manera: “Aquí tenemos los más increíbles casos de identificación errónea que se hayan anotado. Debido a que María buscaba por un cuerpo inerte en vez de un Señor vivo, ella confundió al Señor con el siervo” (página 366).

Entonces Jesús le llamó por su nombre, “¡María!” No sabemos que fue lo que finalmente trajo el reconocimiento a su mente. Quizás haya sido el timbre de Su voz que le había dado paz después de haber reprendido a los siete espíritus inmundos (Lucas 8:2). Inmediatamente ella contestó “¡Raboni!”, que era la forma hebraica de dirigirse a un maestro. Evidentemente ella empezó aacercársele, tal vez asié ndose de Sus pies, y Él le dijo: “No me toques”, que literalmente puede significar “no continúes abrazándome”.

Luego el Señor le explica, “porque aún no he subido a mi Padre”. Aunque hay diferentes explicaciones sobre el significado exacto de esas palabras, la explicación más simple parece ser que Su misión terrenal no había sido completada todavía. Él todavía debía ascender al Padre, así que ella no debía continuar con su abrazo terrenal. Ahora su mente debía buscar la bendición espiritual que vendría después de la ascensión del Señor y la llegada del Espíritu Santo. Por lo tanto, Él le dice: “ve a mis hermanos, y diles: subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (versículo 17).

Resulta significativo observar que ahora el Señor se refiere a los discípulos como a “hermanos”. Juan observa cómo antes Él les llamaba “siervos” (Juan 13:16) y luego se refirió a ellos como a “amigos” (Juan 15:15). Pero ahora ellos son Sus “hermanos”.

D. Las apariciones de Jesús a los discípulos (Juan 20:19-29)

1. Las apariciones de Jesús a los discípulos (20:19-23) Aunque los discípulos habían escuchado de labios de Pedro y de Juan que el cuerpo de Jesús había sido removido, y de María Magdalena que ella había visto el Señor resucitado, todavía no creían. Debido a que ellos “temían a los judíos”, se habían reunido en una habitación con la puerta bajo llave, aparentemente para evitar que algún intruso o acusador entrara.

Nótese que Juan describe al grupo como “discípulos” y no como a “apóstoles”. Lucas también describe los acontecimientos del primer día de la semana. Después de que las mujeres fueron a la tumba vacía, y, después de la aparición de Jesús a María Magdalena (Lucas 24:1-12), Lucas describe la aparición, después de la resurrección, a los discípulos que iban camino a Emaús (Lucas 24:13-32). Después él describe la visita de éstos a Jerusalén y la aparición del Señor, parece casi seguro que ésta es la misma aparición puesto que Lucas cuidadosamente resalta que era el primer día de la semana (Lucas 24:1, 13, 33).

Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían ac ontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan. Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo : ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras (Lucas 24:33-45).

Ambos escritore s enfatizan que Jesús inmediatamente dijo: “Paz a vosotros”, y prosiguió a mostrarle las cicatrices de la cruz para probarles que realmente Él era el Señor y no una visión. Sin embargo, Lucas da más detalles y dice que Él les mostró Sus manos y Sus pies, mientras que Juan relata que fueron Sus manos y Su costado. Sin embargo, es Juan el que habla de dos cosas importantes que Lucas omite.

Primero, “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22). A lo largo de Su ministerio, Jesús les había dicho una y otra vez que Él había sido enviado al mundo por el Padre. Ahora Él había completado Su misión terrenal.

Así como el Padre le había enviado al mundo, Él ahora les comisionaba para ir a todo el mundo. Tal como Dios sopló vida en el primer Adán que Él creó del polvo de la tierra, así el Señor ahora “soplaba vida” en el “cuerpo” del “segundo Adán”, hablándoles con palabras de aliento y poder, “Recibid el Espíritu Santo”. Este era solamente un preludio del acto de dotación de poder por medio del Espíritu Santo que vendría el Día de Pentecostés cuando el Espíritu se manifestaría como un viento recio en vez de un soplo de vida.

Segundo, Juan hace una observación de lo que el Señor dijo: “A quienes (AN TINON) remitiereis (AFETE) los pecados, les son remitidos (AFEONTAI); y a quienes se los retuviereis (KRATETE), les son retenidos (KEKRATENTA)” (versículo 23).

Es muy importante anotar los tiempos de los verbos que el Señor usa en esta porción. Los verbos “remitir” y “retener” están conjugados en el presente subjuntivo, indicando así una declaración condicional en el tiempo presente. Sin embargo, los dos verbos traducidos (“son remitidos” y “son retenidos”) son verbos conjugados en tiempo perfecto.

El tiempo perfecto es una acción que tiene su origen en el pasado pero continua teniendo resultados en el presente. Aunque suena un poco raro, una mejor traducción sería: “estos les han de ser remitidos” y “estos les han de ser retenidos”.

Por lo tanto, el Señor no estaba diciendo que los discípulos tendrían el poder o la capacidad para perdonar pecados o para retener pecados. Lo que en realidad estaba diciendo, después de haber soplado en ellos y de encomendarlos a recibir el Espíritu Santo, es que cuando ellos (Sus discípulos o la iglesia) digan que los pecados son perdonados por medio del poder del Espíritu, dichos pecados inmediatamente les serán perdonados por medio del poder de la cruz. Por otro lado, si la iglesia, por medio del Espíritu “retiene” pecados – o sea que la iglesia declare, por medio de la autoridad de la Palabra y por medio del poder del Espíritu, que hay evidencia de pecado – tal pecado será retenido (porque no se ha buscado el perdón por medio de la cruz de Cristo).

2. Las apariciones de Jesús a los discípulos, con Tomás presente La semana siguiente, el Señor se les apareció una vez más a los discípulos, esta vez Tomás, quien estuvo ausente anteriormente, estaba con ellos. Después de desearles nuevamente la paz, el Señor le dijo a Tomás: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (versículo 27).

Entonces, en vez de que Tomás tocara al Señor, él respondió: “¡Señor mío, y Dios mío!” (versículo 28). Jesús le contestó: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (versículo 29). 

Cada uno de los escritores de los evangelios tiene una perspectiva diferente del orden de los eventos después de la resurrección de Jesús.

El Señor Y Las Señales Que Le Revelaron (Juan 20:30) / (John 20:30) Spanish

PARA QUE CREAN Dr. F. J. May y Dr. H. Lynn Stone Sección III – El Señor reina por medio de Su pasión (Juan 18 -21) Conferencia 9, El Señor Y Las Señales Que Le Revelaron (Juan 20:30)

Escritura

Juan 20:30, 31

   1. Versión Reina Valera Hizo además Jesús muc has otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
   2. Nueva Versión Internacional Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.

A. Introducción A lo largo del libro de Juan, el escritor hace énfasis en la importancia de la experiencia de los discípulos de “verse a sí mismos” como la evidencia que comprobaba que Jesús de Nazaret era el Mesías, el Hijo de Dios. Aquí él confirma que el propósito de escribir este evangelio era para que las personas que físicamente no podían VER las señales milagrosas pudieran también leer sobre los milagros y llegar a creer que Jesús es el Cristo.

De hecho, el escritor también anota que Jesús pronunció una bendición especial sobre los que creyeran sin HABERLE VISTO. “Jesús le dijo: porque me has visto, Tomás creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).

Es de suma importancia que el creyente tenga la perspectiva apropiada sobre las señales y los milagros, especialmente porque ello se relaciona a la fe. En esta lección estudiaremoscuidadosamente la palabra griega que denomina las señales (SEMEÍON) y que Juan constantemente usa a lo largo de su evangelio.

B. Etimología de la palabra “señales” – Semeíon

         1. De la concordancia Strong (4592) Strong dice lo siguiente: “Neutro de un derivado presunto de la base de 4591; una INDICACIÓN, especialmente ceremonial o sobrenatural: – milagro, señal”, un signo, una maravilla (página 76).
         2. Strong dice lo siguiente del #4591 (SEMAÍNO). “De séma (MARCA; de derivación incierta); INDICAR: significar” (página 76).
   1. Del diccionario ThayerThayer da la siguiente clasificación léxica sobre SEMEÍON (páginas 573774). La definición básica es: “UNA SEÑAL, UNA MARCA, UNA PRUEBA”.

a. Universalmente – que por medio de ello la persona o cosa se conoce y se distingue de los otros.

“Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle” (Mateo 26:48).

“Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre” (Lucas 2:12).

“La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo de toda carta mía; así escribo” (2 Tesalonicenses 3:17).

(1). Circuncisión, la cual sería una señal de pacto con Dios. “Y recibió la circuncisión como señal, como sella de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia” (Romanos 4:11).

(2). Señales de los apóstoles – las pruebas por medio de las cuales uno comprueba que es apóstol. “Con todo, las señales del apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros” (2 Corintios 12:12).

(3). La señal de Su venida. “Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3).

“Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?” (Lucas 21:7).

“Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?” (Marcos 13:4).

(4). La señal del Hijo del Hombre. “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mateo 24:30).

(5). Amonestación – Una señal por medio de la cual uno es advertido. “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes” (1 Corintios 14:22).

(6). Las personas como señales – Uso de personajes dignos de ser notados, por medio de los cuales Dios forzadamente amonesta al hombre y le indica lo que Él les encomendará que hagan.

(a). Jonás “Y apiñándose las multitudes, comenzó a decir: Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás. Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo será el Hijo del Hombre a esta generación” (Lucas 11:29, 30).

“Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán;

porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar” (Mateo 12:38-41).

(b). Cristo “Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha” (Lucas 2:34).

b. Una señal, un prodigio, un portento Un suceso inusual que trasciende el curso normal de la naturaleza.

(1). Señales que predicen eventos extraordinarios por ocurrir “Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales en el cielo” (Lucas 21:11).

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas” (Lucas 21:25).

“Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto” (Hechos 2:19-20).

“Apareció en el cielo una gran SEÑAL: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra SEÑAL en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese” (Apocalipsis 12:1 -4).

“Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios” (Apocalipsis 15:1).

(2). Señales de autenticidad SEMEÍON se usa especialmente en los milagros y prodigios por los cuales Dios autentica laspersonas que Él envía o por los cuales las personas prueban que la causa que ellos profesan es de Dios.

Mateo 12:38 (Véase la página anterior).

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cua ndo anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado.¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis! La generac ión mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándoles, se fue” (Mateo 16:1-4). (Véase también Marcos 8:11, 12).

(3). Señales engañadoras usadas por falsos profetas

“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24).

“Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. Porquese levantará n falsos Cristo y falsos profetas, y harán señales (SEMEÍON) y prodigios (TERATA), para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos” (Marcos 13:21, 22).

“Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada.

“También hace grandes señales (SEMEÍA), de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales(SEMEÍA)que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió”

“Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase”. “Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”. “Aquí la sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis” (Apocalipsis 13:11-18).

“Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:13, 14).

“Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre” (Apocalipsis 19:20).

“Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyoadvenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales (SEMEÍA) y prodigios mentirosos, y con engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tesalonicenses 2:6-10).

C. Las siete señales de Cristo encontradas en el Evangelio de Juan

   1. Primera señal – Convirtió el agua en vino (Juan 2:1 -11)
   2. Segunda señal – Sanidad del hijo del noble (Juan 4:46-54)
   3. Tercera señal – Sanidad del hombre paralítico (Juan 5:1-18)

a.
    La sanidad (5:1-9a)
b.
    Disputa sobre el sábado (5:9b-18)

   1. Cuarta señal – Alimentación de la multitud (Juan 6:1-15)
   2. Quinta señal – Anduvo sobre el agua (Juan 6:16-21)
   3. Sexta señal – Sanidad del hombre ciego de nacimiento (Juan 9:1-41)

a.
    La sanidad (9:1-7)
b.
    El efecto en los vecinos (9:8-12)
c.
    El hombre sanado ante los fariseos (9:13-34)

(1)
    Discusiones preliminares (9:13-17)
(2)
    Los padres del hombre son interrogados (9:18-17)
(3)
    El hombre es examinado y expulsado (9:24-34)

7. Séptima señal – Resurrección de Lázaro (Juan 11:1 -57)

a.
    La muerte de Lázaro (11:1-16)
b.
    El encuentro de Jesús con Marta (11:17-27)
c.
    El encuentro de Jesús con María (11:28-32)
d.
    Lázaro es resucitado (11:33-44)
e.
    La reacción de fe (11:45)
f.
    La reacción de incredulidad (11:46-57). 

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.

El Señor Y La Fe De Los Que Le Recibieron (Juan 20:31a) / (John 20:31a) Spanish

PARA QUE CREAN Dr. F. J. May y Dr. H. Lynn Stone Sección III – El Señor reina por medio de Su pasión (Juan 18 -21) Conferencia 10, El Señor Y La Fe De Los Que Le Recibieron (Juan 20:31a)

A. Los milagros y señales

1. El propósito de las señales es que los hombres pueden creer Juan claramente declara en el cuarto evangelio que su propósito al escribirlo era para que se apreciaran los milagros de Jesús, y él anota algunos de ellos, para que nosotros creamos. “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (20:30, 31). Esto es consisten con otros versos a lo largo del evangelio.

Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía (Juan 2:23).

Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis (Juan 4:48).

El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea (Juan 4:53, 54).

Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis (Juan 11:14, 15).

2. Jesús y la demanda del pueblo por una señal (Juan 6:22-35) Cuando el pueblo buscó a Jesús después de Él haber alimentado a la multitud, Él les dijo, “me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (versículo 26).

Jesús no reprendió al pueblo por buscar una señal, sino que les dijo, “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece” (versículo 27). Cuando ellos le preguntaron, “¿qué debemos hacer?” (versículo 28), Él les respondió, “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (versículo 29).

Entonces ellos dijeron, “¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos?” (versículo 30), usando como un ejemplo el maná que les fue dado a sus padres en el desierto. En vez de reprenderlos por pedir una señal para que ellos pudieran ver y creer, Jesús les dio una señal. Era la señal del “verdadero pan del cielo…aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (versículos 32, 33).

3. La resurrección es la señal que confirma todas las otras señales Cuando los judíos le pidieron una señal específica al Señor para comprobar Su autoridad para“hacer esas cosas”, Él se trasladó directamente hacia la resurrección. “Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué SEÑAL nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré…Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2:18-22).

B. Etimología de pisteúo, “creer”

1. Léxico de la concordancia Strong (#4100, pág. 58) La forma verbal “creer” es del sustantivo “fe” o “PÍSTIS” (4102). Este sustantivo (fe) es de otro verbo, PEÍDSO (3982). Así que observaremos a PEÍDSO primeramente (3982), luego a PÍSTIS (4102) y finalmente a PISTEÚO (4100).

a.
    PEÍDSO (3982) – “Persuadir” Strong dice que es “un verbo primitivo; CONVENCER (mediante argumento, verdadero o falso); por analogía PACIFICAR o CONCILIAR (por otro medio legítimo); reflexivo o pasivo ASENTIR (a la evidencia o autoridad), DESCANSAR (mediante certeza interna): – obedecer, pensar, persuadir, persuasión, seguro asegurar, sentir, cobrar, confianza, confiar, convenir, crédito, creer, dar” (pág. 65).
b.
    PÍSTIS (4102) – “Fe” o “creencia” Strong dice que es “PERSUASIÓN, i.e. CREDIBILIDAD; CONVICCIÓN moral (de verdad RELIGIOSA, o la veracidad de Dios o de un maestro religioso), especialmente CONFIANZA en Cristo para salvación: abstractamente, CONSTANCIA en tal profesión: por extensión, el sistema de VERDAD religiosa (evangelio) en sí mismo: – fe, fidelidad, fiel, gracia” (págs. 67-68).
c.
    PISTEÚO (4100)–“ Confiar” Strong dice que es “TENER FE (en o con respecto a, persona o cosa), i. e. CRÉDITO; por implicación CONFIAR (especialmente a Cristo el bienestar espiritual de uno): – encomendar, fiar, guardar, confiar, creer, creyente” (pág. 67).

2. Léxico de Thayer

a. Intransitivamente Thayer expresa que es “pensar que sea verdad: ser persuadido de; acreditar, tener confianza en”.

(1). Universalmente–“lo creído como evidente del contexto precedente” (Mateo 24:23; Marcos 13:21; 1 Corintios 11:18).

(2). Especialmente – “en referencia moral y religiosa, PISTEÚEIN, es usado en el Nuevo Testamento, acerca de la convicción y confianza que se le impele a un hombre por cierto prerrogativa interior y superior y por la ley de su alma: (a). Absolutamente, confiar en Jesús o en Dios como capaz ayudar a obtener o de hacer algo (Mateo 8:18; Marcos 5:36).

(b). De la confianza dada a los mensajeros de Dios y sus palabras.

(c). Usado especialmente de la fe por la cual un hombre acepta a Jesús, es decir “UNACONVICCIÓN, PLENA DE CONFIANZA GOZOSA, QUE JESÚ S ES EL MESÍAS – EL DIVINO AUTOR ASIGNADO PARA SALVACIÓN ETERNA EN EL REINO DE DIOS, EN CONJUNTO CON LA OBEDIENCIA EN CRISTO” (Thayer, págs. 511-512).

b.
    Transitivamente “Confiarle una cosa a uno, es decir, a su fidelidad (Lucas 16:11; Juan 2:24). Pasivamente, confiársele a uno una cosa” (Romanos 3:2).
C.
    El uso de PISTEÚO en el Nuevo Testamento

   1. El sentido ético general PISTEÚO “es usado en un sentido ético, de confianza en la bondad de los hombres” (Thayer, pág. 511). Por ejemplo, cuando Pablo le dice a los corintios que el amor AGAPE, “todo lo sufre, todo lo CREE, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:7).
   2. PISTEÚO es usado en referencia a Dios PISTEÚO es usado para reconocer que simplemente Dios simplemente. “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19).

Sin embargo, este reconocimiento de Dios debe también unirse a la confianza. “Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron” (Judas 5).

Con esta confianza en Dios, entonces también debemos confiar en Sus promesas. “Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3). Pablo explica esto más a fondo.

Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia (Romanos 4:1618).

2. PISTEÚO es usado en referencia a Cristo como el Mesías Thayer dice que, “PISTEÚO también es aplicado a l fe por cual uno es persuadido que Jesús se levantó de entre los muert os, ya que por ese hecho Dios lo declaró ser Su Hijo y el Mesías”.

Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: el hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico parra con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo (Romanos 10:413).

D. El uso que Juan hace de PISTEÚO

1. Denota varios grados de fe Juan usa PISTEÚO para denotar varios grados de fe. Puede referirse a una fe que apenas está agita en el alma. “Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía” (Juan 2:23).

Es usado sobre una fe que reconoce a Jesús como un profeta como el Mesías pero que todavía no le reconoce como al Mesías. “Y muchos en la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace?” (Juan 7:31).

Nuevamente PISTEÚO es usa para referirse a esa fe de convicción plena. “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31, 32).

2. PISTEÚO usado para denotar el nivel de fe que se debe alcanzar

Juan 11:14, 15 – “Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él”.

Juan 13:18, 19 – “No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he escogido, mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar”.

Juan 14:28, 29 – “Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis”.

Juan 19:34, 35 – “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”.

3. PISTEÚO usado para denotar una fe plena en Cristo como Mesías

Juan 20:30, 31 – “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. 

Juan claramente declara en el cuarto evangelio que su propósito al escribirlo era para que se apreciaran los milagros de Jesús, y él anota algunos de ellos, para que nosotros creamos.